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Published on mayo 13th, 2015 | by Sara Bureba

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Mad Men 7×13: el reflejo de los padres

Comenzamos el descenso final de esta montaña rusa de la que nos habla Buddy Holly en la canción final del penúltimo episodio de Mad Men. Posiblemente uno de los más emotivos de los últimos tiempos, porque durante unos segundos los reyes de las quimeras se han quitado la careta.

Ha sido breve y efímero pero para aquellos entrenados en siete temporadas de gestos sutiles, e imágenes evocadoras, esos instantes nos han bastado para poder vislumbrar su alma y comprender que, aún con toda su sofisticación y fingido existencialismo, no es tan distinta de la nuestra.

La relación entre padres e hijos es a la vez lo más natural y lo más disfuncional del mundo. Ellos nos crían lo mejor que pueden (curándonos con pasta de dientes) y nos dan su cariño pero a la vez nos transmiten sus vicios y debilidades, que terminamos, en muchas ocasiones, adoptando como propios.

Quizá el momento de convertirnos en adultos no llega cuando cumplimos la mayoría de edad, sino cuando comprendemos cuánto de nosotros es mera repetición genética, como Don le explicó a Sally episodios atrás, de nuestros padres. Y si los hijos comprendemos la maldición atávica, también los padres observan frustrados cómo sus hijos adquieren sus vicios o, peor aún, los del otro progenitor sin que puedan hacer nada por evitarlo. Esta relación turbia es tremendamente esclarecedora en el devenir de este penúltimo episodio.

La relación entre Trudy y Peter Campbell es civilizada y cordial, pero desprende un aroma pasivo-agresivo que deja patente una débil brasa afectiva que no se ha extinguido del todo.

Durante temporadas he psicoanalizado a Peter hasta el delirio, los que me leen en twitter saben que es mi personaje favorito de la serie, tratando de comprender su falta de escrúpulos, su hastío vital, su insaciable ambición y su necesidad patológica de justicia divina. Hoy por fin me dieron la solución, simplemente era así porque antes así había sido su padre.

En los últimos episodios Pete, una vez saciada su sed de poder, éxito y fama al llegar a McCann, comenzó a comprender que nada de eso importaba. Durante años estuvo tan obsesionado por conseguir ser como Sterling o Draper, no se paró a pensar que no era lo que realmente deseaba.

Toda la ira y la frustración que nublaban a Pete han comenzado a disiparse, dejándole ver qué era lo realmente importante. Era mucho más simple que la complicada red de mentiras de Draper, la obsesión con la juventud de Sterling. Tampoco estaba relacionada con necesidad de reconocimiento laboral de Peggy o la necesidad patológica de atención y admiración de Joan. Todas esas necesidades las había adoptado de tipos más complejos que él, más atormentados, y en su imitación del padre, se había dejado arrastrar por unas pulsiones contrarias a él.

Campbell no era Nueva York, ni era insaciable, ni adultero. Era mucho más simple. Tan solo requería una esposa, un trabajo y una posición social y económica envidiable. Pete quería el sueño americano y como todo lo demás, lo consiguió. (Primer llanto de la finale)

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Betty Francis, antes Draper, siempre deseó la perfección, para sí, y para su familia. Tras el trauma de ver morir a su madre, decidió que no quería una vida tan imperfecta como la vivida en su infancia. Para ello necesitaba un partner que mintiese tan bien como ella. Primero buscó un embaucador profesional, y terminó embaucada. Después cambió de estrategia y decidió buscar una variedad de mentiroso menos volátil, y se agenció un político. Tras dietas, batallas, sándwiches no comidos y jovencitos creepy no desvirgados, Betty pensaba haber logrado la perfección a su alrededor, alejando a Sally primero, claro.

La señora Robinson, digo Francis, trató de primero de educar a Sally, después de reeducarla, y como ninguna de las dos medidas funcionó decidió expulsarla del paraíso familiar. Tras años de frustración, Betty comprendió que Sally era demasiado como su padre, lo cual era intolerable en su vida sacada de un spot de Coca Cola.

En la antípoda, Sally comprendió que no era capaz de seguir el juego a su madre. La lejanía fue beneficiosa para ambas porque, tras años de odio edípico, y de una relación que mandaría a la cría en el futuro a un sillón de psicoanalista, Sally al menos pareció reconocer la herencia de Betty. Más allá de una carta de instrucciones en la que su madre le perdonaba los pecados y le daba su bendición para ser más Draper que Francis, Sally recibió de Betty una enorme fortaleza ante los malos momentos, que nunca hubiese sacado de su inestable e incoherente padre. La fuerza para cuando se desea huir, aprender a quedarse.

Acompañada de las lágrimas de su hija, Betty se marchará con la cabeza alta, más preocupada de su peinado que de haber amado a los que la rodean, pero con toda su belleza y estamina intacta. Su muerte llegará aparentando normalidad y perfección, siendo un modelo para todos, siendo un bello ser consumido y derruido por dentro, solo que esta vez, toda su crueldad, frialdad y amargura han dejado de pudrirla el alma y han comenzado a devorar su cuerpo. Una metáfora brutal, para un final de serie que se aventura despiadado.

Si Sally logra por fin una conversación de verdad, aunque sea por carta, con su madre, mantiene la charada de siempre con su padre, que ha iniciado su enésimo viaje al abismo. Como si las carreteras de Estados Unidos fueran las venas de un ser humano, Don se aventura en su viaje hacia el corazón de América para limpiar la sangre sucia y ser bombeado, una vez depurado y cargado de oxígeno, al centro neurálgico de la vida, el cerebro. Nueva York.

El problema es que, al contrario de otros viajes iniciales anteriores, en este viaje todo se estropea a su alrededor, y en contra de su deseo, se ve obligado a parar.

El destino, siempre sabedor de nuestras miserias, hace que no se encuentre a sí mismo, sino a una versión previa, encarnado en el joven aspirante a timador. Otro joven sin pasado ni lazos vitales, otro joven desvinculado de su familia, con la vida por delante y con una ambición desmedida. Dick Whitman en Corea. Don Draper antes de ser Don Draper.

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Don comprende al joven, reconoce sus deseos pero también ve sus debilidades, por ello y como si fuese su padre, le da aquellos consejos que desearía haber recibido. En muchas ocasiones los hijos no son cómo los padres esperan, y otros jóvenes manifiestan ser un reflejo más fidedigno de uno mismo. Quizá por ello Don ayuda a ese joven y le da un coche tras haber escatimado dinero con Sally. Seguramente porque no desea al joven las noches en vela, las pesadillas o los remordimientos de alguien que tuvo que arrancarse su verdadera piel y vestirse con otra.

Cuando el alma que llevas no es de tu talla, suele rozar en las costuras.

Don Draper, es un mentiroso profesional, un timador experto, un seductor nato, pero no es tan feliz, como en ese momento, sentado en un banco en medio de la nada, cuando se convierte en nadie. Nadie que viaja con tan solo una bolsa de plástico como posesión. Nadie que no tiene familia ni obligaciones. Nadie que tiene dinero, tiempo y un mundo por descubrir, quizá como Dick Whitman. Quizá con otro nombre.

Os espero para que lloremos juntos la próxima semana. Yo lo haré.

Nos leemos

-S-

P.D. Esta semana el post va dedicado a Doña Laura Rodríguez, creadora de Series de Bolsillo, que me metió en esta aventura hace ya tres años largos, y que en una semana concluiremos. Para la boricua más linda de toda España. Gracias.

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About the Author

Naci 5 dias despues del primer gran acontecimiento televisado en directo, el 23-F y eso me convirtió en teleadicta sin remedio. A los 11 años perseguia al Doctor en Alaska en sus cambios de horarios y me escondia para ver Twin Peaks; Mulder me enseño a creer,Buffy a pelear, y los chicos de Friends que se puede ser niño hasta los treintaytantos. Hoy, de día soy funcionaria como Leslie Knope y de tarde soy creativa como Peggy Olson, solo que en vez de anuncios escribo reviews de mis series favoritas para vosotros. En twitter comento series como @aleyt1 y podeis leerme tambien en mi blog personal http://entuserieoenlamia.wordpress.com/


2 Responses to Mad Men 7×13: el reflejo de los padres

  1. Lady Lazarus says:

    Un aplauso!!! Has dado totalmente en el clavo.
    Yo me desmoroné con lo de Betty (de hecho no pude terminar de leer ayer tu análisis), desde el momento en que se ve la radiografía, ahí sólo un poquito pero después con Sally… Siempre ha sido un personaje que nunca me gustó, la odié siempre… No entendí porqué me entraba tal llorera con ella. Creo que más que por ella lloraba por Sally, por ese “I know your life will be an adventure”, porque a pesar de que nunca tuvieron una buena relación, es muy difícil decir adiós a una madre. Quizás también lloraba en anticipación al final de esta serie tan querida por mí.

    Otro de mis odiados es Pete, aunque hacia el final se ha ido suavizando su carácter y en este capítulo se logra entender un poco más el porqué de sus actitudes como bien explicas. Finalmente se dió cuenta de lo que realmente quería y tuvo la suerte de poder rectificar a tiempo; no como Don.

    Don está totalmente perdido, sinceramente no sé por donde va a llevar Weiner a este personaje, me parece insuficiente los 50 minutos que nos quedan, pero confío en que lo sabrá cerrar bien.

    Nos queda por despedir a Peggy, a Sterling y a Don… Sólo de pensarlo se me llenan los ojos de lágrimas…

  2. Christian says:

    Creo que este capítulo fue emocionalmente brutal, jamás me espere esa bomba atómica que tenía preparada Weiner. Si hasta hace unos capítulos atrás, algunos nos quejábamos que la serie no vislumbraba un aire de cierre, creo que ahora estamos en todo lo contrario, cada escena, cada conversación parece ser la última, es más creo que la serie ya termino con Lost Horizon y ahora estamos en una especia de epilogo, es estar saboreando por un buen rato el ultimo sorbo de un vino añejo y esplendoroso que requiere paciencia y entrega para apreciarlo en toda en su magnitud.

    Cuando Weiner deja caer esta bomba que significa el cáncer de Betty, quede paralizado, me emocione hasta los cojones. Pero por alguna razón siento que es una situación totalmente coherente con el personaje y la serie. Después de tantos cigarros fumados en la serie, alguien tenía que salir maltrecho (me encanta ese esfuerzo de Weiner de deconstruir el propio relato de la serie). Aquí se conjugaron un montón de cosas con exquisita maestría, en ningún momento se siente que es recurso desesperado por cambiar el rumbo de la serie. Está hecha con tanta fineza la situación del cáncer, que no queda más que aplaudir de pie a todos los que hacen posible la serie. Aquella escena de Henry llorando en frente de Sally, me dejo perplejo y conmocionado como hace tiempo no lo hacia una escena de Mad Men. Habrá que ver las implicancias que tendrá esto para el final del próximo domingo, aunque a estas alturas no me atrevo a pronosticar un final, pero aun así siento, que pase lo que pase, el final será satisfactorio, porque siento que Weiner ha encajado todo en su lugar hasta el momento. Finalmente todos los movimientos de ajedrez de los primeros capítulos de esta tanda, estaban diseñados para este final, que promete ser excelente.

    Respecto a la historia de Pete, sentí una gran alegría que después de todas estas temporadas, el “hijo” rebelde de Don encontrara un horizonte de expectativas adecuado para ser feliz, de algún modo reencontró las cosas significativas que nunca debió haber abandonado. Ante ese escenario, el personaje se puede despedir con grandeza. De este modo al parecer todos los ex socios de SC&P (a excepción de un par) están abandonando el barco de McCann, lo que me parece genial como para finalizar la serie, que cada uno haya tomado un camino distinto para seguir buscando esa tan esquiva felicidad, el carburante de un motor de sueños, anhelos y convicciones.

    En cuanto a Don, estamos presenciando una extensión de lo que ya estábamos viendo. Aun inmersos en este road trip, podemos ver como Draper de a poco se va desprendiendo de todas aquellas cosas (auto incluido) que lo convirtieron en la persona que era, para apagar ese infierno interior que lo extinguía continuamente. Un proceso de desintoxicación espiritual que lo arroja a sus raíces aventureras, aceptándose a sí mismo como alguien imperfecto. De todos modos queda la sensación de que ese proceso siempre va a estar fragmentado por su pasado atormentado, ese miedo a ser descubierto se hace muy latente en el capítulo. Pero a diferencia de otras ocasiones, se le ve sin culpa, después de todo es lo que le toco vivir, al final del día cada uno hace lo necesario para volver a casa, como decía uno de los veteranos. Aquella escena es muy significativa, nadie lo juzgo por su pasado. Evidentemente conto la historia a medias, cosa que se sobreentiende desde el punto de vista argumental.

    Don atraviesa un proceso de purificación, que no va a borrar su pasado, no va a cambiar su forma de ser, no va a cambiar sus miedos, pero si le va a permitir convivir consigo mismo, dejar de odiarse y juzgarse para sentirse nuevamente libre, esa última sonrisa es tan reveladora y significativa, que no deja espacios a dudas. Don finalmente empieza a vislumbrar aquellas cosas realmente significativas de la vida. Bert ya se lo dijo, finalmente las mejores cosas de la vida son gratis. Ese demonio publicitario que el mismo creo, para vivir la vida de las revistas, está dando sus últimos suspiros para llevar a cabo esa reorientación de sentido tan necesaria para su vida. ¿Se acuerdan del poema de meditaciones en emergencia, en el primer capítulo de la segunda temporada? Parece casi premonitorio: “Now I am quietly waiting for the catastrophe of my personality to seem beautiful again”.

    Hay que destacar un hecho bastante importante y que ha pasado algo inadvertido, pero creo que la conversación de Sally y Don, es muy significativa, el tipo puede estar desprendiéndose de todo, pero aún mantiene el contacto con su hija e incluso le detalla la hoja de ruta que tiene planificada. Esta debe ser la expresión de que Don comprende que sus hijos son finalmente lo único que tiene en la vida, ¿será esta una señal de cara al final de la serie? De todas formas siento que todo encaja muy bien, quizás algunos no lo saben pero Weiner diseño el final de la serie cuando estaba escribiendo la cuarta temporada. Y creo que se nota, todo pareciera estar hecho con una sutileza y una calma tremenda, la resolución de la vida de Don hasta el momento me fascina, todo es muy coherente y aterrizado, creo que es absolutamente lo contrario al final de Lost jajaja.

    Todo pareciera que estar perfectamente orquestado para el ultimo capitulo. Solo resta disfrutar, aunque lo primero que haré será ver la serie de nuevo. He estado viendo algunos capítulos sueltos del principio, y todo parece cobrar tanto sentido en estos capítulos finales, que cuando este el mosaico completo, la serie adquirida una mayor grandeza a la que tiene.

    ¿Se han puesto a pensar que si el chico del motel choca con el auto y queda irreconocible, cabe la posibilidad de que confundan su cuerpo con el de Don Draper, dada la documentación del vehículo? Suena loco, pero si en una de esas…
    Voy a dejar un par de links

    Este es el tráiler de la 5 temporada, pero igual aplica para el final, hagan como yo y emociónense
    https://www.youtube.com/watch?v=vesjh3LXSKM

    Un tributo muy bueno al personaje de Don
    https://www.youtube.com/watch?v=bTzua0URqzc

    Una canción bellísima interpretada por Judy Holiday con imágenes de la serie, si aún están afectados por lo de Betty, quedaran devastados.
    https://www.youtube.com/watch?v=Qy08OyEKm6U

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