AMC Mad-Men-7x12-analisis

Published on mayo 7th, 2015 | by Sara Bureba

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Mad Men 7×12: el fin del verano

Como en el cuento de Navidad de Dickens, Mathew Weiner nos guía en “Horizontes perdidos” este antepenúltimo episodio de Mad Men, por los fantasmas de nuestros protagonistas. El salto de SC&P a McCann-Erikson no va a ser fácil. Cuando los seres humanos nos enfrentamos a cambios en nuestra vida, no partimos de cero. Las experiencias y traumas anteriores marcan nuestra forma de enfrentarnos a ellos.

Los espectros de cada personaje representan sus miedos al pasado, al presente o al futuro, y son recordatorios de que todos ellos tienen asuntos pendientes o cuentas por pagar. Así en un episodio que, aún siendo de corte “profesional”, nos muestra mucha vida personal. Los guionistas comienzan a encarrilar la actitud de los personajes no solo ante el cambio de compañía, sino frente al resto de su vida.

El fantasma presente de Joan trae su esencia del pasado. En una empresa mucho menos aperturista que SC&P el estatus que Joan ha ido logrando, tanto por méritos profesionales como carnales, es papel mojado. El poder y el respeto que deriva de un cargo necesita además, para tener efecto, que el resto lo reconozca, y esto no sucede en el gigante publicitario. Joan por fin comprende que en McCann ella es solo un mal necesario o, como mucho, una chica mona con la que pasar el rato. Sus habituales trucos no funcionan y termina, o así lo parece, decidiendo no luchar y pasar a la buena vida.

Quizá sea más un deseo mío que un futurible, pero quiero pensar que tras haber mordido la manzana del poder empresarial, no creo que a Joan le pueda llenar una vida basada en beber margaritas tirada en una tumbona. Creo que con lo aprendido y el dinero de su “finiquito” montará un negocio, y con su arranque, lo convertirá en imperio. Pero como digo es más un deseo personal que otra cosa.

Y si este es el final del verano al que Joan, Don y Roger se niegan a decir adiós de muy distintas formas, Joan cede, Roger se ablanda y Don se rebela, aún es primavera para Peggy.

Para la creativa se está acercando su autentico verano, su llegada a la madurez profesional y sufre la visita de un fantasma muy distinto, el del miedo al futuro. Aún quedan atisbos de una juventud poco disfrutada por tener la vida amueblada y con vistas a la oficina, y le cuesta creer en sí misma como jugadora de pleno derecho en el tablero de la nueva empresa.

Igualmente, como comentamos la semana pasada, Peggy sigue atenazada por el miedo a cómo encajará en el nuevo lugar, pero su encuentro con Roger, el regalo del cuadro*, herencia inesperada e incontestada del gran Cooper y su borrachera funeraria de despedida de su primer hogar, le dan el empujón que le faltaba para comprender algo que se lleva negando a sí misma desde hace años. Ella es tan buena como Draper.

Pero para lograr convertirse en alguien como él, necesita dejarse llevar. La deliciosa escena de los patines, metáfora del abandono definitivo de su infancia, y de su rol de eterno delfín de Draper ya grabada en la mitología de la serie y de la televisión, es casi tan maravillosa como la de su entrada en McCann.

Mad-Men-7x12-entrada-de-Peggy

Esa entrada, con su cuadro provocador, rodeada de hombres alucinados es una declaración de intenciones. Nunca un walk of shame laboral, una llegada al trabajo con resaca y mala cara estuvo tan cargado de orgullo y autoestima. Por fin se cree capaz de sentarse a la mesa de los mayores. Don Draper ha dejado de ser necesario porque aquí llega Peggy Olson, y es lo más.

Muy al contrario, Roger comienza a sentir la gran derrota encerrada en lo que creyó fue una gran victoria. Cuando su secretaria le hace ver que la mayoría no le seguirá a la nueva empresa, y que el sueño de su padre y Cooper ha sido aniquilado, Roger no quiere abandonar las oficinas, no quiere aceptar que ahora es cola de león. Debe despedirse de su verano profesional, y debe hacerlo como merece.

Muchos fantasmas yacen entre los muros de SC&P; el de su padre y el de Cooper que vivieron para trabajar, el de Pryce que prefirió morir a perder su orgullo, el de tantos matrimonios fallidos, hijos perdidos, romances de oficina silenciados. Vidas vividas en el trabajo, y vidas no vividas por trabajar. Aquella agencia era un hogar, una cárcel de oro, una fábrica de quimeras. Todos los nombres que lucen en la puerta están muertos, como la agencia, y él era solo una sombra derrotada, Una sombra que, junto a otro puñado de incautos habían apuñalado su herencia y la había dejado morir desangrada.

Dado que fue su verdugo, lo mínimo era montar un funeral a la altura. Un velorio en el que no faltasen la música de órgano y el alcohol a raudales.

Al fin y al cabo esto es Mad Men, no A dos metros bajo tierra.

Hoy nos sentamos a comprobar cómo Roger está perdiendo la vena rebelde. Comienza a comprender que ha llegado el otoño de su vida, y con él desea una mujer que lo acompañe, una empresa que lo arrope y menos responsabilidades en la vida; al fin y al cabo, él nunca fue como Cooper. Como muchos antes que él, no quiere decir adiós al verano, pero las hojas caen.

Y antes de hablar de Draper debemos agradecer primero la magia de Weiner, que nos regala la visita póstuma de Robert Morse, Bert Cooper, como fantasma en la mente de nuestro protagonista. Para un hijo de la miseria como Whitman, el magnate fue durante años la representación del sueño americano. Su amor por lo oriental, sus excentricidades, son el descanso de un guerrero que levantó un gigante de la nada. Y eso era lo mismo que deseaba hacer Draper. Al menos era algo que deseaba hacer el hombre hambriento que fue Don Draper, del que no sabemos si queda mucho o nada.

Tras el inicio motivador en la nueva empresa, Draper comprueba lo deseada que es su presencia, comprendiendo que no deberá luchar por lograrse un lugar entre los elegidos. Como Don es un ser que necesita un reto constante para continuar funcionando, enseguida comprende que esa compañía, cuajadas de burócratas sin imaginación, no será el lugar donde desfogar su desasosiego vital. Su energía, creativa o vital como prefiráis denominarla, es demasiado intensa para una reunión de gerifaltes, ni una empresa que encorsete su indómita personalidad.

Don, como el avión que surca el cielo de Nueva York necesita escapar de su asidero de acero y vil metal, de un edificio donde las ventanas no se abren y los genios no pueden respirar. Parece claro que si Don salta de la proverbial ventana como la sombra que cae al vacío en los títulos de crédito no será desde las oficinas de McCann. ¿Otra teoría muerta?

Don escapa, y como siempre, va tras una mujer. Como Sally una vez más le da esquinazo, y Betty ha encontrado algo mejor que los hombres para curar sus frustraciones, Don retorna a su enésima obsesión Diana.

Solo mínima mención a la mítica imagen de Betty Francis con un libro de Freud en las manos. Desconozco el futuro de los niños Draper, pero no necesitarán mucho del padre del psicoanálisis para saber que todos sus traumas proceden de su horrible madre y su ausente padre. Todo un canto a la ironía vital.

Tras la “visita” de Cooper, que no dice nada que Don no supiese y no se hubiese negado a reconocer, y la infructuosa charada en la casa de Diana, donde únicamente deja en evidencia que él es solo un eslabón más en la cadena de destrucción de su alter ego, que deja una hija sola, como lo fue Sally, como lo fue él.

Como en la canción Space Oddity de David Bowie que cierra el episodio, Don se siente flotando en una caja de metal, desconectado del mundo, de un mundo que ni reconoce ni quiere. Toma la carretera, una vez más, hacia un “horizonte perdido” para reinventarse de nuevo o para deconstruirse del todo, recogiendo por el camino a un autoestopista, un pobre hippie sin dinero ni ambiciones pero que, al contrario que Draper, al menos sabe dónde va.

Nos leemos

-s-

*El cuadro que Roger regala a Peggy se titula El sueño de la esposa del pescador, es un grabado japonés del siglo XIX que hace tiempo fue motivo de bromas con un gran amigo, y también gran amante de Mad Men, Don Ernesto Mitre.

Al ver la escena inmediatamente me acordé de él y, si me lo permitís, querría dedicarle esta review, una de las pocas que quedan, en agradecimiento por todos sus sabios y acertados consejos, así como su asesoramiento musical en los años que he realizado estas críticas. A él va esta humilde crítica y la canción final, de mi cada día más adorado David Bowie. Gracias Sensei.

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About the Author

Naci 5 dias despues del primer gran acontecimiento televisado en directo, el 23-F y eso me convirtió en teleadicta sin remedio. A los 11 años perseguia al Doctor en Alaska en sus cambios de horarios y me escondia para ver Twin Peaks; Mulder me enseño a creer,Buffy a pelear, y los chicos de Friends que se puede ser niño hasta los treintaytantos. Hoy, de día soy funcionaria como Leslie Knope y de tarde soy creativa como Peggy Olson, solo que en vez de anuncios escribo reviews de mis series favoritas para vosotros. En twitter comento series como @aleyt1 y podeis leerme tambien en mi blog personal http://entuserieoenlamia.wordpress.com/


6 Responses to Mad Men 7×12: el fin del verano

  1. Cat says:

    Qué gran review! muy bien escrita. Me ha encantado
    gracias

  2. Anónimo says:

    “Tras el inicio motivador en la nueva empresa, Draper comprueba lo deseada que es su presencia, comprendiendo que no deberá luchar por lograrse un lugar entre los elegidos. Como Don es un ser que necesita un reto constante para continuar funcionando, enseguida comprende que esa compañía, cuajadas de burócratas sin imaginación, no será el lugar donde desfogar su desasosiego vital.” No estoy de acuerdo. Creo que Don se da cuenta de que no es tan importante como le han hecho creer, pues escucha de pasada que a Ted también le han dicho lo mismo que a él, sobre que era la ballena blanca por fin cazada.

  3. Ernesto says:

    Muchas gracias por la dedicatoria y los halagos. No se merecen.

    Echaré mucho menos Madmen y tus reviews. Estoy seguro de que hay universos alternativos donde se cumplen todos los finales que cada uno de nosotros hemos imaginado para Draper y compañía. Y seguramente haya reviews tuyas también allí.

    En alguno de esos universos nos seguiremos leyendo.

    E.

  4. Sara Bureba says:

    ¿Cabe la posibilidad, de que en alguno de esos universos alternativos sea yo la que te hable de una canción, famosísima por Dios, y seas tú el que no tengas ni idea? ya , ya , ya sabía yo que eran universos alternativos por no milagrosos…muchos besos de S. para E.

  5. Christian says:

    Que puedo decir, esplendido capitulo con una escena final que perfectamente podría haber cerrado la serie (hablare más adelante de esto)

    Se confirmó una los miedos que se barajaban en esta fusión, efectivamente los ex miembros de SC&P llegaron al cielo, pero este cielo parece más bien una gran maquinaria empresarial que no distingue individualidades, uno ya podía percibir que Jim era un lobo con piel de oveja, engatusador, pero una vez visto sus cartas aparece como el diablo mismo ajja en ese sentido acá se remarca esa ambivalencia argumentativa de la absorción: ¿estamos ante el fin o un nuevo comienzo? creo que todo depende de cómo se quiera ver, lo que si es concreto, es que McCann es una gran maquinaria sin alma y aquí es donde se puede observar las virtudes de la vieja SC&P, porque dentro de todo era “familia”, tenía sustancia, un relato que la mantenía. En cambio McCann expresa (de forma bastante genial por lo demás -gracias Weiner-) la naturaleza descarnada y arrollante de las multinacionales modernas. Esto se ejemplifico bastante bien en la reunión de los directores creativos (una de las mejores escenas) ya que expresa como cada uno es una pieza más dentro un engranaje más complejo.

    Ante este complejo panorama algunos se escudan en el pasado (roger), otros se van sacando su tajada (Joan), otros se contentan (Pete), otros se conforman (Ted) y otros optan por seguir sus instintos, aventurándose en lo desconocido (Don)

    Y aquí me quiero detener, porque mucho se ha hablado de Diana, parte de la audiencia (la más exitista por cierto) piensa que Don de verdad se lanza a buscarla a ella. Pero aquí todo se trata de metáforas, realmente Don no viaja con el fin de encontrarla, Diana es un recurso argumentativo para expresar la búsqueda que Don hace de sí mismo.

    La escena de la reunión de los directores creativos es tan sugestiva y bien hecha que a los realizadores de Mad Men hay que construirles un monumento. El lenguaje visual que sea utilizado en este capítulo supera cualquier producto televisivo de la actualidad. En esta reunión se produce en Don un quiebre revelador sobre donde está parado, lo alienante del trabajo y la sensación de vacío que se adhiere a esta situación. Don siguiendo su naturaleza aventurera se lanza en un “road trip” buscando las respuestas que no encuentra en su trabajo. Cabe destacar esa sonrisa de Ted cuando Don se va, es una risa reveladora, siempre he pensado que Ted siente cierta admiración por Don.

    Me encanta este cierre que se le está dando a Don principalmente, porque obedece a una elección consciente y libre de presiones por parte del personaje. Si Don ha tocado el techo de la publicidad, si está en la elite mundial del negocio ¿Porque opta por irse y dejarlo todo atrás? y ahí es donde la escena final adquiere todo su poder, es tan potente en términos interpretativos que perfectamente podría haber sido el final de la serie. Ese plano de Don perdiéndose en el horizonte sin rumbo fijo, lanzado a la aventura de encontrar algo mas allá, algo que lo haga realmente feliz, ese eterna búsqueda que representa su vida, Es de una carga emocional tan fuerte, que no pude evitar emocionarme, o sea no por nada termina con esta estrofa de Space Oddity

    “This is ground control to Major Tom,
    You’ve really made the grade
    And the papers want to know whose shirts you wear
    Now it’s time to leave the capsule if you dare”

    Don se trasforma en mayor tom, se aventura en un lugar distante y desconocido, donde las estrellas brillan con más fuerza y donde todo es tan distinto a la vida alienante de las ciudades modernas. Te demostraste a ti mismo que eras capaz de ganarle a la vida Don, y ahora te has ganado el privilegio de vivir la vida como se te plazca. Insisto este era EL final de la serie, pero confió plenamente en Weiner, pero tampoco me aventuro en pronosticar un final, ya está demostrado que con un par de minutos se puede dar vuelta el tablero, independiente del final siento que ya estoy tremendamente satisfecho. Ahora lo que mencionábamos como el vía crucis de Draper toma mayor significado, si él desea cambiar de vida lo hace porque quiere, no porque lo expulsan del trabajo o algo parecido, todo el ascenso de Don a su antiguo puesto de la primera tanda de esta temporada, es para demostrar que el tipo profesionalmente es descollante y si decide irse de la publicidad, lo hará bajo sus propias motivaciones y sueños. Pero no es algo que pueda confirmar, quizás vuelva al trabajo, quien sabe lo que sucede en la cabeza de Weiner.
    La entrada de Peggy en la agencia es fan service puro, al punto que la mayoría de la audiencia habla solamente de esto. Me alegro por Peggy pero también siento reparos en cuanto su ingenuidad en creer que ese salto profesional le dará algo significativo en la vida, en ese sentido creo que falta una última conversación con Don, para que este último le haga saber las consecuencias del éxito desmedido y no encauzado en un relato personal.
    Durante gran parte de la serie, parte de la crítica siempre ha simbolizado a Draper como un cobarde que siempre trata de huir. Yo personalmente creo que lo que ha hecho en este capítulo es la expresión más genuina de la valentía. Es mucho más fácil vivir en la complacencia del trabajo de elite, el sueldo millonario y la estabilidad de un trabajo repetitivo. Pero a Don lo motivan otras cosas, la reinvención de su identidad obedece a su naturaleza atormentada y aventurera que le indica que tiene que ir siempre un paso más allá, se acuerdan de esta conversación de Don y Roger en la primera temporada (capitulo 9)?
    Don: Si dejo este lugar algún día, no será para más publicidad.
    Roger: ¿Qué más existe?
    Don: No lo sé, una vida qué vivir.
    Insisto, Mad Men es oro puro. Nos estamos leyendo.

    • sara bureba says:

      Bueno valentía con la cantidad de dinero que tiene Draper es fácil tenerla.
      Estoy de acuerdo con tu análisis, incluso con el fan momento de Peggy, pero como fan, me encantó. Es el fin de la serie y también nos tienen que dar algún regalito.
      A ver que ocurre al final.

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